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Shiddo; El monje oscuro

rapuma

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16 Sep 2008
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Capitulo 1: El comienzo​


El puño de un chico golpeó una enorme roca, dando como resultado que el líquido carmesí, salga de entre sus nudillos.

El joven aún conservaba el puño en la gran roca, manchando con más profundidad al objeto de sangre. Pequeños ríos rojos empezaban a surcar su brazo derecho. Él solo tenía su cabeza gacha. Parecía que se había desplomado por completo, pero su alma, aún estaba intacta.

Un hombre le acompañaba, vestía pobremente, un chaleco de cuero acompañado por unos pantalones gastados, ambos estaban descalzos.

-“Más fuerte”- El hombre de cabellos azules, miraba con su ceño fruncido al muchacho, al parecer su aprendiz.

-“Es imposible, Maestro…”- Su voz se deterioraba, parecía estar agitado.

-“¿Desde cuando tienes el valor para contestarme, Shiddo?”- Cruzando de brazos se acercaba al niño. –“¡Dije más fuerte!”-

Automáticamente, el niño retiró su brazo de la roca y la volvió a golpear. Un gemido de dolor se escucho en el bosque donde se encontraban. El puño solo se hundió un poco y la sangre se desbordaba por completo.

-“Suficiente”- Sentencio su maestro, dándole la espalda, mientras caminaba hacia un pequeño río que cruzaba por el oeste.

El niño saco dolorosamente su brazo del pequeño hueco que había formado en la roca y se lo sujeto con su mano izquierda. Su profesor, le vio de reojo y acercándose tomo despacio la mano de él. Luego de inspeccionarlo, dedujo que sus dedos estaban rotos, y como de costumbre, el chico era el encargado de colocarlos en su lugar.

-“Los dedos están rotos, ya sabes que hacer, límpiate en el río”-

El chico solo asentío con su cabeza, tomó su mano y de un apretón fuerte, acomodo los huesos en su lugar. El “crack” de la acción por parte de su aprendiz, le hizo sonreír.

Mojó su mano en el agua, la cual le parecía tan transparente, que era sorprendente.poco a poco un líquido rojizo surcaba la corriente.

-“Shiddo, acércate”- La orden no tardo en ser cumplida, segundos después de lo dicho, tenia al muchacho de cabellos grises junto a él.

-“Sabes que estas son las ultimas semanas que me tendrás como maestro, ¿verdad?”- Miraba al cielo azul, no le parecía buena idea dejarlo con otro mentor, pero era lo mejor…últimamente se sentía muy raro, y los dolores de cabeza no lo ayudaban.

-“Si, El monje celestial; Ewan, será tu sucesor y mi nuevo maestro”- Le contesto indubitablemente. Noto como se molestó con la respuesta de él, pero aún así, permanecía con su rostro sereno.

-“No te veo muy preocupado, ¿crees que lo lograras sin mi?”- Sonreía de lado, estaba atento a cualquier gesto en el rostro de su pupilo, pero nada. No cabía duda, le había enseñado bien; Sentimientos quedan fuera de los monjes.

-“Me ha enseñado bien, no creo por que tener dudas de no lograrlo”-

Su maestro solo asintió, sabía que no iba a lograr darle lastima, ni nada por el estilo. Rendido optó por volver al monasterio, estaban desde el medio día en el bosque y el sol ya se estaba ocultando entre los arboles.

El camino a casa fue largo y silencioso, solo se escuchaba las pisadas de ambos personajes caminando en el ya oscuro bosque. A lo lejos se divisaba las antorchas de la entrada al monasterio.

Entraron sin problemas, un sendero de firme mármol, conducía hacia las habitaciones de los discípulos, mientras que otros 2 iban en contrarias direcciones. Shiddo, miró con suspicacia a su maestro y espero una orden del mismo.

-“Ve a las habitaciones, descansa, mañana será un duro día”-

Si bien, era duro, muy duro, el entrenamiento se hacia eterno y las pocas horas de dormir eran cortas, una mala vida, pero daba futuras consecuencias, y en este caso, eran buenas.

El niño solo siguió el camino hasta toparse con una gran puerta de madera. La abrió lentamente y se encontró con varios chicos, ya durmiendo en sus respectivas camas. Él como de costumbre llegaba una o dos horas mas tarde que ellos.

Sin molestarse en cambiarse de ropa, se desmayo en su cama, si bien, no era cómoda, pero podía dormir placidamente por las noches.
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Sus pasos sonaban en el silencio, como pequeños tambores se acercaban a la taberna del lugar. Abrió rápidamente la puerta y se sentó en el primer banco que vio, ignoro a los presentes que de por si eran pocos y talló su rostro con ambas manos. El dolor de cabeza había vuelto y necesitaba un trago o dos.

Una voz familiar se escucho cerca de él, no le presto atención hasta que sintió que estaba sentado en la misma mesa que él.

-“Vaya… ese niño te tiene mal, Antoine”- El nuevo personaje, de una melena larga de color castaña clara, sonreía fugazmente al notar el gesto que le hacía entender, que no estaba de buen humor.

-“Ewan, que raro verte por aquí”- le contesto irónicamente, mientras retiraba sus manos de su rostro. Si bien, Antoine, era conocido como uno de los mejores monjes del Santuario, su reputación le precedía, y le seguiría precediendo hasta la muerte.

-“Vamos, sabía que en algún momento te vería por aquí. No eres de tomar, pero ese chico no es tu fuerte, ¿verdad?”-

-“Claro que no. Aún no me convenzo en dejarlo en tus manos, y no te fíes, aun quedan dos semanas y puedo cambiar de parecer”- Sentencio Antoine, mientras le miraba con su rostro decaído.

-“¿Y porque esa cara? ¿Acaso el pequeño Adh Seidh no te deja dormir bien?”-

-“No es nada…ya se me pasara”-

-“Como quieras, si no quieres contármelo, no importa, de todos modos, no me tiene que importar ¿Verdad?”-

El de cabellos azules quedo varios segundos en silencio. Su dolor de cabeza no era normal, y sus sueños de cosas inimaginables en el, no eran para contar.

-“En pocas palabras, no es de tu incumbencia, Ewan”-

El de ojos azules y tan vacíos como el mar, volvió a sonreír, pero esta vez, parecía una sonrisa para hacerlo molestar a Antoine. La cual, parecía haber dado resultado.

-“¿Cuándo me podré hacer cargo del pequeño Diabhal?”-

-“Cuando me sea prudente, tenía pensado entregarlo antes que se cumplan las dos semanas, pero cambie de opinión. Aún debe aprender algunas cosas más antes de covertise en un alcohólico como tu”-

-“Antoine, me hieres ¿Cómo piensas eso de mi? Haré del Adh Seidh un prometedor monje celestial”-

-“Si eso dices…”- El dolor era casi insoportable, apenas se podía mantener con los ojos abiertos. Sin otra opción decidió despedirse del futuro mentor de Shiddo y salir de la taberna cuanto antes.
 
Respuesta: Shiddo; El monje oscuro

Un leve rayo de sol, mojaba el rostro de Shiddo. Este abrió lentamente los ojos para ver con molestia, la ventana que poco a poco se iba iluminando. Se fregó los ojos con ambas manos y se sentó en su cama. Permaneció un tiempo allí, hasta notar que estaba solo en la habitación. Se puso de pie, y aún con pereza abrió la puerta para ir al comedor, donde efectivamente, todos los aprendices estaban esperando la hora de comer.

Si bien, La rosa amarilla, era un buen lugar para entrenar, y la comida era buena, a diferencia de lo que comía con sus padres, que ya no estaban mas en este mundo.

Se sentó al lado de un muchacho de cabellos cortos, con un tono de verde fuerte. El mencionado, giro su cabeza y lo saludo con gentileza. Shiddo le contesto con un balbuceo que pudo haber sido interpretado como un “Hola…”. Luego de un gran bostezo abrió más sus ojos y observaba la gran mesa rectangular donde estaban todos sentados, unos al lado de los otros y enfrentados.

A pocos minutos unos hombres de avanzada edad, repartían platos con un espectacular guiso en ellos. Los hombres eran serios y su barba era larga y negra.

Shiddo, sin esperar más, tomo un pequeño cubierto y empezó a comer el guiso que a simple vista, no parecía saludable.

-“Oye, eres Shiddo ¿verdad? El que entrena con Antoine, el monje legendario”- le pregunto emocionadamente el chico que tenía al lado.

-“Si”- Contesto cortadamente el de cabellos grises mientras volvía el cubierto a su boca.

-“Debe ser magnifico entrenar con él, se que su entrenamiento puede llegar a ser muy duro”-

-“Lo es”- Si bien, no era muy social que digamos, y por eso, a veces, los chicos lo dejaban de lado. –“¿Cuál es tu nombre?”- le pregunto tratando de ser cordial.

-“Mi nombre. Vaya pensé que nunca preguntarías, me llamo Stolos”- Aún conservaba esa sonrisa algo estúpida en su rostro.

Luego de eso, el resto de la comida permaneció en silencio. Shiddo fue unos de los primeros en terminar su plato. Se levanto no sin antes “despedirse” de Stolos y volvió a su recámara para cambiarse de ropa. Nada nuevo, un chaleco marrón con unos pantalones llenos de agujeros. Esta vez, envolvió ambas manos y brazos con vendas, lo cual, sería su nueva costumbre.

Salió del monasterio a las 12:00hs en punto, en ese horario, todos los aprendices esperaban fuera del lugar a sus respectivos maestros.

No tardo mucho, los cuales empezaban a aparecer, cada uno llevándose al indicado. Pero algo parecía no andar del todo bien. Antoine (quien regularmente era el primero en llegar) no había aparecido aún, y eso inquietaba a Shiddo. Tal vez, algo le habría pasado.

Después de unos minutos quedo solo con Stolos, quien también esperaba a su mentor. Al cabo de unos segundos, un gran hombre apareció de entre los árboles. Vestía una gran capa verde y una túnica marrón. Parte de su rostro cubierto por una gran barba larga le hacia dar un aspecto algo desaliñado, ¡hasta sucio!, por así decirlo. Este dio una seña a Stolos e inmediatamente corrió hacia él, para perderse entre la verde arboleda.

Shiddo espero unos minutos más y nada. Decidió ir a entrenar por su cuenta, pero justo apareció Antoine algo desarreglado en su cabellera. Este tenía sus ojos perdidos, y de vez en cuando gemía dolorosamente.

-“Maestro ¿Esta bien?”- preguntó preocupado Shiddo mientras miraba atónito como Antoine caía bruscamente al piso, levantando un gran polvo del mismo.
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-“¿Qué paso?”-

-“Te caíste”-
Antoine estaba en una cama, con un paño húmedo en su frente, su cuerpo adolorido no lo dejaba pensar. Shiddo estaba a su lado, permaneció con él casi toda la tarde.

-“¿Tu estas bien?”- le pregunto algo mareado al joven de ojos verdes como el césped.

-“Si”- le contesto, con ojos tristes por así decirlo.

Alguien interrumpió la escena, al ser visto por los ojos de Shiddo, lo reconoció rápidamente, era el personaje que había visto en el bosque, el mentor de Stolos; aquel gran hombre con apariencia ruda.

-“Vaya, tenía que verlo por mis propios ojos ¿Cómo estas?”- Entro a la pequeña habitación ignorando al pequeño a su lado.

-“Argenis, vaya sorpresa”- Antoine le regaló una sonrisa prudente al recién llegado. Shiddo se extraño de eso, casi nunca le había visto sonreír.

-“¿Y este pequeño quien es? ¿Tu pupilo?”- Interrogo a Antoine mientras “inspeccionaba” a Shiddo.

-“Si, Shiddo Gaiden, pronto será el discípulo de ya sabes quien”-

-“Lo se. Una lástima, contigo habría crecido mucho”-

-“Una reunión y no estoy invitado”- Alguien más había llegado a la sala, con una sonrisa usual examinó a los presentes en la misma.

-“¿Quién te ha hecho eso Antoine?”-

-“Ewan ¿Qué haces aquí?- Le interrumpió el gran hombre de túnica marron mientras se giraba para verlo.

-“Barbegazi, tanto tiempo”- Ewan se refería a él de ese modo, por la gran cantidad de barba que tenía en su rostro, tanto que la gente lo llegaba a confundi como uno de los “ancianos maestros”. Shiddo rió levemente ante el comentario de Ewan, recibiendo como respuesta una mirada matadora por parte de Antoine; él le había enseñado a respetar a sus superiores y temía que eso se le quedara en el olvido estando con Ewan.

Ewan, ignorando a Argenis, volteó para encontrarse con el pequeño de ojos verdes y cabellos grises. –“Con que tu eres”- Le miró con malicia mientras lo inspeccionaba lentamente.

-“Shiddo”- Interrumpió Antoine –“El será tu nuevo mentor, Ewan-“

El niño solo asintió y miraba extrañadamente al pronunciado. Su sonrisa le incomodaba.

-“Pequeño Adh seidh, yo seré tu nuevo maestro… pero aguarda, ya veo tu emoción y aún falta mucho tiempo”- Shiddo, pensaba porque razón iba a empezar a entrenar con él ¿acaso había hecho algo mal? No lo sabía…. Capaz, que nunca lo sabría, pero no le importaba.

De inmediato una pequeña charla dio lugar en la habitación, Antoine le ordenó a Shiddo que salga de la misma y que se tome este día “libre”.

De seguro estos días algo se avecinaba…. Y no era para bien.
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Bueh... se que escribo mal, pero gracias por tomarse la molestia de al menos leer....xD continuara cuando tenga ganas, =P
Otra cosa que aclarar... Las lines que separan los textos separan parte del dia o de acciones...creo que se han dado cuenta.

Danke!
 
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