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Capitulo 1: El comienzo
El puño de un chico golpeó una enorme roca, dando como resultado que el líquido carmesí, salga de entre sus nudillos.
El joven aún conservaba el puño en la gran roca, manchando con más profundidad al objeto de sangre. Pequeños ríos rojos empezaban a surcar su brazo derecho. Él solo tenía su cabeza gacha. Parecía que se había desplomado por completo, pero su alma, aún estaba intacta.
Un hombre le acompañaba, vestía pobremente, un chaleco de cuero acompañado por unos pantalones gastados, ambos estaban descalzos.
-“Más fuerte”- El hombre de cabellos azules, miraba con su ceño fruncido al muchacho, al parecer su aprendiz.
-“Es imposible, Maestro…”- Su voz se deterioraba, parecía estar agitado.
-“¿Desde cuando tienes el valor para contestarme, Shiddo?”- Cruzando de brazos se acercaba al niño. –“¡Dije más fuerte!”-
Automáticamente, el niño retiró su brazo de la roca y la volvió a golpear. Un gemido de dolor se escucho en el bosque donde se encontraban. El puño solo se hundió un poco y la sangre se desbordaba por completo.
-“Suficiente”- Sentencio su maestro, dándole la espalda, mientras caminaba hacia un pequeño río que cruzaba por el oeste.
El niño saco dolorosamente su brazo del pequeño hueco que había formado en la roca y se lo sujeto con su mano izquierda. Su profesor, le vio de reojo y acercándose tomo despacio la mano de él. Luego de inspeccionarlo, dedujo que sus dedos estaban rotos, y como de costumbre, el chico era el encargado de colocarlos en su lugar.
-“Los dedos están rotos, ya sabes que hacer, límpiate en el río”-
El chico solo asentío con su cabeza, tomó su mano y de un apretón fuerte, acomodo los huesos en su lugar. El “crack” de la acción por parte de su aprendiz, le hizo sonreír.
Mojó su mano en el agua, la cual le parecía tan transparente, que era sorprendente.poco a poco un líquido rojizo surcaba la corriente.
-“Shiddo, acércate”- La orden no tardo en ser cumplida, segundos después de lo dicho, tenia al muchacho de cabellos grises junto a él.
-“Sabes que estas son las ultimas semanas que me tendrás como maestro, ¿verdad?”- Miraba al cielo azul, no le parecía buena idea dejarlo con otro mentor, pero era lo mejor…últimamente se sentía muy raro, y los dolores de cabeza no lo ayudaban.
-“Si, El monje celestial; Ewan, será tu sucesor y mi nuevo maestro”- Le contesto indubitablemente. Noto como se molestó con la respuesta de él, pero aún así, permanecía con su rostro sereno.
-“No te veo muy preocupado, ¿crees que lo lograras sin mi?”- Sonreía de lado, estaba atento a cualquier gesto en el rostro de su pupilo, pero nada. No cabía duda, le había enseñado bien; Sentimientos quedan fuera de los monjes.
-“Me ha enseñado bien, no creo por que tener dudas de no lograrlo”-
Su maestro solo asintió, sabía que no iba a lograr darle lastima, ni nada por el estilo. Rendido optó por volver al monasterio, estaban desde el medio día en el bosque y el sol ya se estaba ocultando entre los arboles.
El camino a casa fue largo y silencioso, solo se escuchaba las pisadas de ambos personajes caminando en el ya oscuro bosque. A lo lejos se divisaba las antorchas de la entrada al monasterio.
Entraron sin problemas, un sendero de firme mármol, conducía hacia las habitaciones de los discípulos, mientras que otros 2 iban en contrarias direcciones. Shiddo, miró con suspicacia a su maestro y espero una orden del mismo.
-“Ve a las habitaciones, descansa, mañana será un duro día”-
Si bien, era duro, muy duro, el entrenamiento se hacia eterno y las pocas horas de dormir eran cortas, una mala vida, pero daba futuras consecuencias, y en este caso, eran buenas.
El niño solo siguió el camino hasta toparse con una gran puerta de madera. La abrió lentamente y se encontró con varios chicos, ya durmiendo en sus respectivas camas. Él como de costumbre llegaba una o dos horas mas tarde que ellos.
Sin molestarse en cambiarse de ropa, se desmayo en su cama, si bien, no era cómoda, pero podía dormir placidamente por las noches.
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Sus pasos sonaban en el silencio, como pequeños tambores se acercaban a la taberna del lugar. Abrió rápidamente la puerta y se sentó en el primer banco que vio, ignoro a los presentes que de por si eran pocos y talló su rostro con ambas manos. El dolor de cabeza había vuelto y necesitaba un trago o dos.
Una voz familiar se escucho cerca de él, no le presto atención hasta que sintió que estaba sentado en la misma mesa que él.
-“Vaya… ese niño te tiene mal, Antoine”- El nuevo personaje, de una melena larga de color castaña clara, sonreía fugazmente al notar el gesto que le hacía entender, que no estaba de buen humor.
-“Ewan, que raro verte por aquí”- le contesto irónicamente, mientras retiraba sus manos de su rostro. Si bien, Antoine, era conocido como uno de los mejores monjes del Santuario, su reputación le precedía, y le seguiría precediendo hasta la muerte.
-“Vamos, sabía que en algún momento te vería por aquí. No eres de tomar, pero ese chico no es tu fuerte, ¿verdad?”-
-“Claro que no. Aún no me convenzo en dejarlo en tus manos, y no te fíes, aun quedan dos semanas y puedo cambiar de parecer”- Sentencio Antoine, mientras le miraba con su rostro decaído.
-“¿Y porque esa cara? ¿Acaso el pequeño Adh Seidh no te deja dormir bien?”-
-“No es nada…ya se me pasara”-
-“Como quieras, si no quieres contármelo, no importa, de todos modos, no me tiene que importar ¿Verdad?”-
El de cabellos azules quedo varios segundos en silencio. Su dolor de cabeza no era normal, y sus sueños de cosas inimaginables en el, no eran para contar.
-“En pocas palabras, no es de tu incumbencia, Ewan”-
El de ojos azules y tan vacíos como el mar, volvió a sonreír, pero esta vez, parecía una sonrisa para hacerlo molestar a Antoine. La cual, parecía haber dado resultado.
-“¿Cuándo me podré hacer cargo del pequeño Diabhal?”-
-“Cuando me sea prudente, tenía pensado entregarlo antes que se cumplan las dos semanas, pero cambie de opinión. Aún debe aprender algunas cosas más antes de covertise en un alcohólico como tu”-
-“Antoine, me hieres ¿Cómo piensas eso de mi? Haré del Adh Seidh un prometedor monje celestial”-
-“Si eso dices…”- El dolor era casi insoportable, apenas se podía mantener con los ojos abiertos. Sin otra opción decidió despedirse del futuro mentor de Shiddo y salir de la taberna cuanto antes.